Bases Doctrinales del Metodismo (1)


¿De qué manera los Metodistas llegamos a nuestras doctrinas y cuáles son las más prominentes entre ellas?

En las próximas publicaciones describiremos algunos de los grandes énfasis doctrinales fundamentados en la Escritura provenientes del avivamiento religioso que se dio en la Inglaterra del siglo XVIII, gracias al influjo del Espíritu Santo, y que al paso del tiempo han corroborado su veracidad. Estas publicaciones están basadas en la sección de nuestra disciplina “Nuestro Quehacer Teológico”

Fue durante el año 1738, que brotó un avivamiento evangélico entre las masas de Inglaterra. Este movimiento tuvo líderes que le infundieron características particulares. Entre ellos se encontraban los hermanos Juan y Carlos Wesley, ambos sacerdotes ordenados de la Iglesia Anglicana. Durante la semana de Pentecostés de aquel año, precisamente el día 24 de mayo, Juan Wesley asistió a la sesión de una sociedad religiosa que se reunía en la calle de Aldersgate en Londres. Faltando quince minutos para las nueve de la noche, y mientras alguien leía el Prefacio a la Epístola de San Pablo a los Romanos, escrito por Martín Lutero, en el que se describía el cambio que Dios obra en el corazón por la fe en Cristo, Juan Wesley se apropió libre y definitivamente de la declaración del apóstol Pablo en esa carta de que “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (5:1). En ese momento, nos dice Wesley en su diario, “sentí arder mi corazón de una manera extraña… recibí la seguridad de que Dios había perdonado mis pecados y que me salvaba a mí de la ley del pecado y de la muerte”. Su hermano menor, Carlos, también había pasado por una experiencia similar tres días antes, pero por estar enfermo y en cama no pudo compartir la experiencia junto a Juan.

En febrero de 1739, Jorge Whitefield – uno de los líderes de ese despertar evangélico- predicó por primera vez al aire libre a los rudos e iletrados mineros de Kingswood. Para el mes de abril, Wesley se paraba en el mismo lugar para continuar con la obra de la predicación a las masas y al aire libre. A partir de entonces, el avivamiento evangélico cobró un impulso imposible de detener y a través del cual la nación inglesa sería transformada. Cuando la experiencia de la salvación por la fe fue predicada a las masas, el soplo del Espíritu Santo hizo brotar un espontáneo avivamiento del Evangelio que se extendió por el reino de la Gran Bretaña. Este avivamiento tomó una forma concreta cuando Juan organizó a los convertidos en grupos -que llamó sociedades, clases y bandas- donde buscaban conservar su fe, su nueva forma de vida, y mantenerse en el camino hacia la santidad. Ese mismo año de 1739, nuestro prócer redactó dos documentos que serían básicos para el desarrollo y la identidad de quienes se unirían al movimiento: Las Reglas Generales para las Sociedades Unidas y El Carácter de un Metodista. Abundaremos sobre éstos y continuaremos la narración histórica en la próxima publicación.

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